Tiempos pasados nunca fueron mejores

Autor: Pedro Cuevas

Tiempos pasados fueron mejores. Posiblemente, la mayor falacia extendida a lo largo de la faz de la tierra. Siempre tendemos a pensar en el pasado para avanzar. Realizamos una mirada atrás para coger impulso, promovidos por la añoranza de buenos momentos vividos; experiencias personales aparentemente alegres y rememorativas. Nos sentimos felices por un recuerdo puntual que se propaga ocupando una época. Como si todo girase en torno aquellas risas con los amigos; aquella noche junto a tu pareja; o aquel día donde lograste lo que más ansiabas, porque como dijo Gabriel García Márquez: “la vida no es la que uno vivió, si no la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

En los años 90, parte del barrio del Casco Antiguo de Badajoz se encontraba sumergido en un deterioro sin precedentes. El desempleo y la drogadicción acechaban, mientras que el abandono de las casas y de la actividad económica y social marcaban el aspecto de la época. Ahora lo observamos como algo muy lejano, pero en realidad, solamente han pasado algo más de dos décadas. Dos décadas guardadas en la retina como memorable para muchos, pues las afables melodías de On the Block o de los Backstreet Boys, junto a la Macarena de Los del Río y las modas de los estampados imposibles, la raya en el pantalón deportivo o el tamagochi, erradican cualquier pensamiento negativo acerca del período noventero. Es más, hacen pensar en la superioridad de los noventa sobre la actualidad.

Motivos utópicos que en nuestra imaginación establecen una superioridad; pero nada más lejos de la realidad. Ahora estamos mejor. Cierto es que el Casco Antiguo está inmerso en una lucha por recuperar su historia y erradicar aquello que provoca el abandono de hogares y la espantada de turistas, como si de la década tan añorada de la que hablamos se tratase. Pero también hay que mirar su evolución.

Actualmente, es de admirar la lucha de sus gentes por recuperar el corazón pacense. Desde la calle San Juan hasta las zonas más céntricas como Francisco Pizarro o Menacho, pasando por los recovecos de Jose Lanot, Arias Montano o Bravo Murillo, la convivencia artística e histórica hacen de Badajoz y su Casco Antiguo un lugar único para visitar y enamorarse. Tiene las condiciones necesarias para repetir, atraído por su ambiente, diversidad, reconocibles y carismáticas voces vecinales, trato gentil y encanto particular. Todo lo indispensable para desbancar el pensamiento de un pasado mejor y conseguir avanzar hacia un futuro inimaginable.

No sé si el autor de las fotografías en algún momento pensó en el poder de sus capturas para evocar y rememorar en un futuro el aspecto de la ciudad; pues si la cara es el espejo del alma, la fotografía es el testimonio que más pesa. Son una verdadera representación de la realidad actual. En un futuro, estas fotos serán observadas con añoranza pensando que 2019 supuso un antes y un después; una era inigualable, porque claro: tiempos pasados siempre fueron mejores. La mayor falacia jamás contada. No existe nada mejor como el presente y la oportunidad de disfrutar de cada rincón y habitante de nuestra ciudad, haciendo de cada momento uno; único e irrepetible en el Casco Antiguo de Badajoz.

La Galera Magazine

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